D. Capítulo 16. Silencio y ladridos.

 "D"

"Silencio y ladridos"


Capítulos anteriores:

D. Capítulo 1. D.

D. Capítulo 2. A los pies de su tumba fría. 

D. Capítulo 3. Las fauces del sepulcro

D. Capítulo 4.  La dama de invierno.

D. Capítulo 5. Guardianes nocturnos.

D. Capítulo 6. Sala de espera.

D. Capítulo 7. El escriba oculto

D. Capítulo 8. Extrañas notas

D. Capítulo 9. Ritual truncado

D. Capítulo 10. El intercambio

D. Capítulo 11. Caso abierto

D. Capítulo 12. Los Casamontes

D. Capítulo 13.  Doina "La Rumana"

D. Capítulo 14. Reencuentros.

D. Capítulo 15. Tumbas sospechosas.



D. Capítulo 16. 

-Silencio y ladridos-



El joven sostenía algo en sus manos. Más que eso, parecía ofrecerle algo con sus manos. Carmen bajó la mirada para observar y reconoció sus notas manuscritas. Antonio sonrió y dijo:

—Aquí las tienes.

Con enérgico movimiento casi arrancó, más que tomar, los papeles que sostenía el enfermero. El fuego parecía que se hubiera originado en su mirada cuando le dijo:

—¡Imbécil! ¡Te dije que tenías que deshacerte de todo! ¡Sobres y notas! ¡Me has jodido!
—¡Lo intenté, Carmen! ¡Por todos los medios! Pero hubo un inconveniente con esa maldita entrometida de Florencia. Ya había registrado las pertenencias de entrada de la paciente. Tuve que improvisar. No podía deshacerme de los sobres sin más. Hubieran notado su ausencia y hubieran comenzado las preguntas; opté por cambiar su interior por publicidad. Creo que funcionó. En el estado en el que se encuentra, es probable que no crean su versión de los hechos.
—¡Maldita sea! No. Arsenio es astuto. No lo dejará estar. Ese maldito tiene que tener todo bien atado en su cabeza. Es un enfermo del orden de los hechos… todo debe encajar… Puede que hasta estés en su lista de sospechosos. ¿Crees que se ha tragado la bola de la publicidad? Solo lo ha dejado estar para que actúes sin cuidado. Mierda. Bueno… ya veremos cómo arreglamos eso. Casi hubiera sido mejor que te hubieras deshecho de todo… ya veríamos qué hacer con esa Florencia si hubiera metido sus narices… desde luego, mucho más fácil que con un picoleto. La has cagado, pero bien.
—Lo… lo siento de veras… creí que estaba haciendo lo mej…
—¡Cállate! Me pones enferma. En fin… ¿Qué le vamos a hacer? Comunicaré la situación... a ver qué nos dicen o qué se les ocurre a los de arriba. Se hace tarde. Iré a la habitación con Claudia. Para vigilarla estas noches. ¿Tú qué pasa? ¿Vives aquí o qué?
—No… cuando hice lo de las notas y las llevé a la habitación con el doctor y el guardia civil, terminé mi turno. Estoy estas dos semanas en turno de noche. Acabo de entrar hace unos momentos. Te vi y quise darte la sorpresa en persona. 
—Y vaya si me la has dado. Bueno. A lo hecho, pecho. Ahora habrá que improvisar, adaptarse y vencer este contratiempo. Ve. Ya nos veremos. Otra cosa: a partir de este momento, lo que tengas que decirme, al teléfono. En público haz como si no me conocieras de nada. ¿Estamos?

El enfermero asintió sin pronunciar palabra. Temía que, de hacerlo, le cayera otra reprimenda. Carmen estaba furiosa por cómo había ido el tema de las notas. Notas que guardó en su bolso, fuera de las miradas de cualquier curioso, sobre todo de su amiga Claudia. Aunque le empezaba a gustar ese doble juego de fingir, ante su presencia, ser la amiga del alma que se preocupaba y sufría por lo que le acababa de ocurrir, mientras que en sus más profundos pensamientos deseaba su muerte. Tener aquellas notas que la incriminaban, cerca de toda esa escena mientras actuaba representando preocupación, la excitaba.

—Descuida, Carmen. Todo al teléfono. Y aquí, somos dos desconocidos.
—¡Pues ala! Cada uno a su lugar. Me iré con Claudia, si es que me llaman para decirme dónde la tienen. A ver qué tal paso esta maldita noche en esos puñeteros sofás de mala muerte.

Antonio regresó a la sala de enfermeros y Carmen a la sala de espera. El aviso de habitación de su amiga se hizo esperar casi hasta medianoche. Con los datos en su poder, se dirigió a prestar compañía junto a su “amiga”. Estaba sedada y dormida, cosa que agradeció. Después del encuentro con Antonio, no tenía humor para representar de forma creíble su papel de buena amiga. Agarró una manta del armario y estiró el respaldo de su sillón individual todo lo que permitían los engranajes de su vertical. Maldijo la situación antes de tumbarse, arroparse e intentar llamar a las puertas del sueño.

***

La noche dio paso a la madrugada y antes de sentirse cómoda en su plácida quietud, el amanecer interrumpió el eterno ciclo de cortejo nocturno.

Con los primeros brotes de luz, Nina, con quejicoso, aunque placentero bostezo, estiraba su cuerpo para desentumecerlo de su estado de reposo onírico y traerlo de vuelta, preparándolo para un nuevo día. Un día más.

Con rutinaria pereza se alzó de su....



NOTA DEL AUTOR: Hola. Espero que te esté gustando el capítulo y perdona por interrumpir, pero tengo algo que contarte. 
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JM Brown. 



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