MIND
"Tres"
Índice de capítulos anteriores:
MIND. Capítulo 1. Perturbación en la nada.
MIND. Capítulo 2: La puerta blanca.
MIND. Capítulo 6: El otro lado.
MIND. Capítulo 8. Don Alonso de Malpica y Montalbán.
-Capítulo 9-
Tres
—¿Quiénes sois? ¿Sois vosotros? ¿Qué hacéis ahí? —Pronunció el hombre del otro lado.
—¡Puede vernos! —Dijo Claudia a Lucas —¡Hola! ¿Puedes vernos? ¡Ayúdanos! ¡Sácanos de aquí! ¡Hola! ¡Socorro! ¡Ayúdanos! ¡Socorro! —Empezó a gritar desesperada. —¡No! ¡No! —Gritó aún más cuando percibía que el vórtice, poco a poco, se iba cerrando.
—El UMBRAL, DEBÉIS BUSCAR EL UMBRAL —Gritó a su vez el extraño hombre mientras apenas quedaba un ápice de abertura.
Finalmente, se cerró por completo. La sombra se disipó, quedando su reflejo en los lavabos de aquel lugar.
Claudia se acercó al espejo palpándolo de forma enérgica, como si aquel acto fuera a devolver la figura que se había perdido en el vacío del vórtice. Lo hacía con ambas manos, mientras alzaba su voz con cada "no" repetido.
—¡Mierda! —Claudia dio un puñetazo al espejo, rompiendo una parte de él, haciéndose una herida en su mano. —No vamos a salir de este maldito lugar nunca. Era nuestra única posibilidad.
—Cálmate, ¿quieres? Eso no lo sabemos. Mira lo que has conseguido. No sabemos nada de este sitio, no podemos permitirnos estos arrebatos de ira que no conducen a nada. Bueno, sí, a que te hagas daño. Suerte que... —Lucas se acercó al dispensador de papel para secarse las manos y se abasteció en abundancia—. En esta ocasión estamos en unos lavabos públicos. Toma, usa esto. Lávate bien la herida y usa esto como vendaje improvisado. Déjame ver... Parece superficial.
—¿Eres médico o algo así?
—Pues no sabría decirte. Creo que no. Pero sí recuerdo haber visto heridas alguna vez en mi vida, si te sirve de consuelo —dijo guiñándole un ojo y con una sonrisa en la cara, para canalizar la tensión del momento sufrido por Claudia—.
—Estoy desconcertada. No sé cuánto tiempo llevamos aquí. Conscientemente, creo que no debe ser desde hace mucho, eso es lo que me dice el recuerdo, desde que nos hemos despertado. Pero inconscientemente tengo la sensación de que llevamos atrapados aquí desde hace siglos... ¿No te parece? Ver a ese extraño aparecer así, como en otra dimensión, me llenó de esperanza. Era una posible salida. Que se fuera de la misma forma me hizo perder la compostura. Lo siento, Lucas.
—No hay nada que sentir, Claudia. No te preocupes. Desde que hemos despertado todo ha sido extraño. Comparto tus sensaciones... Sobre todo la de llevar siglos aquí encerrados. Si nos atenemos a lo meramente consciente, he de decir que todo lo que ha envuelto este corto periodo de tiempo, no se puede considerar dentro de lo normal. En cuanto a ese extraño amigo "interdimensional", no te preocupes en extremo por su pérdida. A fin de cuentas, no sabemos absolutamente nada de él. De la misma forma que apareció y se esfumó, puede hacerlo de nuevo. ¿Quién sabe? Lo mismo nos encontramos con más y diferentes actores en esta pesadilla. ¿Cómo va la herida? Espera, voy a coger papel nuevo. Tira ese.
—El umbral —pronunció Claudia mientras su compañero le cambiaba el vendaje—.
—¿Cómo dices?
—El Umbral. Es lo que dijo. "Debéis buscar el umbral"
—Sí, claro. También me he quedado con eso. Es un punto de partida, no sé si definirlo, concreto. Pero algo es algo. El umbral. No sé qué es, dónde está o si es algo tangible. Lo que sí sé es que tenemos un rayito de esperanza. Ahora solo queda encontrar más gente en este maldito lugar y rezar para que sepan algo de, sabe Dios qué quiera que sea, ese umbral.
—¿Nos vamos? Aunque miedo me da abandonar este sitio. Parece estable.
—Al menos aquí tenemos luz y agua —Lucas miraba en rededor—. Nada más. Podemos esperar, si quieres, por ver si ocurre una nueva anomalía. Pero sinceramente, creo que deberíamos seguir. No sé dónde acabaremos al abrir esa puerta... Pero hay que seguir. Si ese extraño hablaba de un umbral, no me cabe duda de que debe ser algún lugar y, ese lugar, no es este. Debemos continuar y buscar. Cojamos algo más de papel, por si acaso. Es el único botín que nos podemos llevar de aquí. Bebamos también, por lo que nos pueda o no nos pueda pasar.
Ambos bebieron todo lo que les podía caber en el estómago y tomaron todo el papel posible. Se acercaron a la puerta de salida de los baños. Seguía escuchándose una extraña música y un murmullo de gente en la lejanía. Todo quedó en silencio cuando abrieron y salieron de nuevo al pasillo de negros suelos y paredes. —Vamos allá —comentó Lucas—.
Cuando Claudia y Lucas estaban por completo en el pasillo, la puerta de los baños se cerró de golpe a sus espaldas y desapareció. Su forma reconocible fue transformándose hasta formar parte del muro del pasillo en tono y aspecto. Solo quedaba ya una dirección posible.
Al fondo del angosto pasillo, se iluminó una abertura con cegadora luz blanquecina. Parecía como si el lugar, de nuevo, indicara el camino correcto a seguir. Más que correcto, en esta ocasión, no había elección, salvo si, por antojo del destino o la propia naturaleza del lugar, sorprendiera con cualquier eventualidad que los beneficiara, si tenían fortuna, porque también cabía la posibilidad de que el lugar, no estuviera de su lado, se tornara caprichoso y acabara con ellos. Todo era posible e imposible a la vez, impredecible y aleatorio. Lo que les obligaba a tener sus sentidos despiertos, en constante alerta su atención.
Avanzaron por el pasillo hasta llegar a la luz. Se trataba de una salida, o una entrada, a una nueva estancia con forma de gigantesco cubo de paredes negras. En medio del cubo había un hombre con extraña indumentaria, como de otra época. Una época muy antigua. Parecía estar herido. Se acercó a ellos.
—Qué extraña indumentaria para una doncella y un caballero —Les dijo—.
—¿Quiénes sois?
—Lo que nos faltaba. Otro aparecido de la nada. ¿Eres de esta o de la otra dimensión? ¿Vas a evaporarte en un vórtice como el otro?
—¡Espera, Lucas! Hay que aprovechar cualquier oportunidad que aquí se nos presente para ver si podemos entender algo de lo que está pasando en este maldito lugar. ¿Recuerdas? —Apuntó Claudia con tono irónico, pues esa misma prudencia le había solicitado Lucas, minutos atrás—. Discúlpele, caballero, está algo nervioso porque nos ha ocurrido una cosa que... Bueno, más tarde le comentaré... A no ser que también desaparezca y no tenga oportunidad de... Lo siento, voy muy deprisa. Soy Claudia y él es Lucas. ¿Usted es? —Como si de la nada volvieran sus recuerdos a su mente, contestó sonriente y sorprendido.
—Mi nombre es Alonso. Don Alonso de Malpica y Montalbán.
—Bienvenido al club Alonso. Pues ya somos tres —dijo Claudia—.
Nota del autor:
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Comentario Original de Tarkion eliminado por error: ¡Buenas! Cada capítulo va ampliando más el misterio y eso es lo que engancha. Me gusta cómo vas entrelazando las piezas, con el concepto del “Umbral” y la conexión entre los personajes a través del espejo. Además, la mezcla de tiempos y escenarios, desde la ciudad hasta un caballero medieval perdido en este caos, le da un toque muy interesante. Ahora que ya son tres, a ver hacia dónde los lleva este laberinto. ¡Un saludo, compañero!
ResponderEliminarUn placer tenerte por aquí. Gracias por tu apoyo, lecturas y comentarios.
EliminarSi, jeje, la verdad que esta novela me resulta muy entretenida de escribir. Es una de la que más disfruto.
Tengo un guion general con la estructura muy básica de lo que quiero hacer, aunque a veces dejo improvisar a los personajes!! jejeje
En fin, a ver como lo voy tejiendo.
Un saludo Tarkion. Nos leemos.