¡Despierta!

 Despierta




Despierta

Yacía boca abajo en el seco suelo de tierra abrasada por el calor. Abrió sus ojos para solo percibir una imagen borrosa que se hacía cada vez más clara a cada abrir y cerrar de sus párpados. Recobró la nitidez para observar aquel paisaje árido.

Se puso en pie y sacudió enérgico sus ropas, alejando de ellas el polvo que las había habitado hasta ahora. A juzgar por la humareda levantada, llevaba a la intemperie bastante tiempo. No recordaba nada, ni siquiera cómo había ido a parar allí, a aquel lugar dejado de la mano de Dios, sin rastro de civilización en kilómetros a la redonda.

Al menos eso era lo que suponía en un primer vistazo alrededor para decidir rumbo, en el que solo pudo divisar el tímido camino de tierra que se dejaba intuir y la vegetación reseca que lo acompañaba a ambos lados. La chicharra, en monótono e insistente cantar, terminaba de decorar el desértico escenario.

Inmóvil en el centro del camino se preguntaba hacia dónde marchar. ¿Derecha o izquierda? ¡Qué más daba si desconocía el final de cada camino! Lo dejaría a la fortuna. Cerró los ojos, dio unas cuantas vueltas y, al detenerse, abriéndolos de nuevo, caminaría hacia delante sin retorno, sin duda, hasta que muriera de sed o encontrara compañía o refugio.




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