D. Capítulo 15. Tumbas sospechosas

 "D"

"Tumbas sospechosas"



Capítulos anteriores:

D. Capítulo 1. D.

D. Capítulo 2. A los pies de su tumba fría. 

D. Capítulo 3. Las fauces del sepulcro

D. Capítulo 4.  La dama de invierno.

D. Capítulo 5. Guardianes nocturnos.

D. Capítulo 6. Sala de espera.

D. Capítulo 7. El escriba oculto

D. Capítulo 8. Extrañas notas

D. Capítulo 9. Ritual truncado

D. Capítulo 10. El intercambio

D. Capítulo 11. Caso abierto

D. Capítulo 12. Los Casamontes

D. Capítulo 13.  Doina "La Rumana"

D. Capítulo 14. Reencuentros.



Capítulo 15
-Tumbas sospechosas-



—¿Sabes lo que dice? ¿Puedes traducirlo? ¿Perdona, te llamas?
—Doina. Me llamo Doina, señor agente. Y sí… creo que dice algo así como… ¿Puede ponerlo de nuevo?
—Por supuesto.
—Son palabras sueltas, no parece tener sentido… habla de un ¿cáliz? ¿O recipiente? Tinieblas… “La Elegida” dice que es “La Elegida", señor.

Arsenio escribió esas palabras en su bloc de notas.

—Interesante. De modo que rumano, ¿eh? ¿Elegida? ¿Está segura?
—Creo que sí. Es un acento algo raro... antiguo. Hacía mucho que no lo escuchaba... es como... no sé explicar. Como de hace mucho tiempo. Como vuestro castellano antiguo que a veces hablar don Fernando, pero en mi idioma. Que se entiende, pero no se habla hoy así. No sé explicar mejor.

—Lo has explicado perfectamente. Es tu idioma natal, pero, digamos, un rumano algo más primigenio, ¿no? —indicó en sus notas este particular—. Curioso. Este caso cada vez se pone más interesante. ¿Puede intentar decirnos algo más sobre el audio? ¿Se lo pongo de nuevo? —volvió a reproducirlo.

Todos prestaban atención total en silencio, salvo por las palabras que sonaban contundentes desde el móvil; para facilitar la concentración de Doina. Con suerte, rescataría más palabras para contextualizar. El don de la oportunidad es caprichoso, imprevisible; en esta ocasión se puso del lado del portón de entrada de la iglesia, al que le siguió un enérgico "Buenos días" por parte de Mateo, el trabajador del gas.

—Vengo a revisar las estufas por si hay que cambiar alguna bombona, no quiero echar el viaje cargado en balde —siguió vociferando mientras se acercaba a la comitiva de oyentes.
—¡Silencio, por favor! —increpó Arsenio molesto.
—¡Jesús, Jesús, Jesús! —pronunció el sacerdote mientras se santiguaba. Cuando algo alteraba a don Fernando, tenía esa manía: repetir el nombre del señor tres veces, mientras se hacía la cruz en su santo cuerpo. —¡Qué anticlimático eres, hijo mío! Adelante, comprueba las estufas que estén vacías y repón las que procedan. Sobre todo mira las primeras, las más pegadas al altar; son las que más uso les doy. Apúntame las que cambies y vente mañana con la cuenta, que te las pago.
—¿En su casa parroquial, Padre?
—Obvio, hijo. Si no estoy aquí, estaré allí. No tengo mucho margen de movimiento. Y ahora labora, hijo mío, pero en silencio... como si oraras.

—¿Y bien? Doira —retomó Arsenio.
—Doina, señor. Con "n" Doina.
—Sí, discúlpame, Doina... ¿Algo más que puedas traducirnos?
—Poco más, señor. Repite lo mismo una y otra vez... cáliz o recipiente, renacido, tinieblas, pero en referencia a alguien o algo y, sobre todo, insiste en la elegida o el elegido, señor.

Todos, pese a seguir cada uno con su tarea de limpieza, electricidad y gas, prestaban atención a Doina, al agente y al sacerdote. Arsenio apuntaba en su bloc lo considerado como importante o como título de algo a lo que seguir con atención, que pudiera enlazar con otras anotaciones.

—De acuerdo, pues creo que de momento —un detective nunca cierra una puerta, siempre concluye una investigación o interrogatorio con un "de momento" hasta cerrar por completo un caso—, eso es todo. Si necesito algo más, volveré con usted. Puede seguir con su trabajo. Muchas gracias, Doina con "n" —intercambiaron sonrisas.
»Muchas gracias a usted también, Padre. Han sido de gran ayuda. Una visita a la iglesia muy productiva.
—Siempre lo es en la casa del señor, hijo mío. Le espero este domingo a usted y a su familia en misa. No falten.
—Aquí estaremos. Procuraremos ocupar la primera fila sabiendo que las estufas estarán a pleno rendimiento —ambos practicaron una leve sonrisa de cortesía ante el comentario de despedida—. Adiós a todos y todas y buenos días tengan.
Tomó asiento y puso las llaves en el contacto, pero antes de arrancar su coche patrulla quiso hacer un repaso a sus notas para que lo ayudaran a tomar una decisión; para tener claro hacia dónde dirigir sus siguientes pasos. Leía en silencio lo anotado, añadía correcciones y apuntes nuevos.

Anotó en su bloc:





NOTA DEL AUTOR: Hola. Espero que te esté gustando el capítulo y perdona por interrumpir, pero tengo algo que contarte. 
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JM Brown. 









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